El día dos de enero de 2011, he recibido un mensaje que, bajo la forma de martillazo, ha desequilibrado mi pacto con la vida.
Para quienes no la conocieran, Maite fue profesora del instituto durante muchos años. Pertenecía al Departamento de Ciencias Naturales y peleó desde su puesto de profesora, por fomentar hábitos saludables y respetuosos con el medio ambiente. Por ello participó en el proyecto ECOIES junto con Fernando Arribas. Hace unos años pidió traslado al IES de Moralzarzal.
Maite se nos ha escapado cuando algunos creíamos que estaría con nosotros a lo largo de un largo y voluntarioso periplo. Se ha ido vencida tras una larga batalla con la muerte y un largo sufrimiento. Pero a pesar de ello, algo me dice que todavía las palabras con las que me despedí de ella cuando decidió trasladarse a otro centro, tienen sentido:
Querida Maite:
La vida es un largo viaje a través del cual vamos recorriendo nuevos territorios, nuevos paisajes. Algunos nos plantean grandes problemas de adaptación, otros son más benignos. A lo largo de todos ellos vamos descubriendo que otros tienen las ventanas abiertas a las nuestras y nos permiten saludarnos, compartir la tortilla, el agua que se nos agotó en la última subida a una cumbre a la que creímos que nunca podríamos llegar. Y, casi imperceptiblemente, nuestras maletas se van llenando de lo recorrido, de lo aprendido, del calor de todas las manos que pudimos estrechar desde nuestra ventana.
Si te soy sincera, cuando coincidimos por primera vez en este centro, no tuve la sensación de que abriéramos las ventanas al unísono pero quizá, la andadura de ambas en estos años en los que cambié mi itinerario, me ha permitido descubrir una Maite más real, más de carne y hueso. Quizá porque he aprendido a ver, quizá porque también tú aprendiste a mostrarte … o simplemente porque el azar permitió que nos miráramos a través de nuestro cristal.
Ahora has decidido cambiarte de atalaya externa pero estoy convencida de que cada vez que nos encontremos, las dos tendremos los ojos muy abiertos para vernos, para intercambiar algo que llevemos en nuestra mochila, incluso para dolernos de ese frío que nos cala los huesos y que, cuando se comparte parece que es menos riguroso.
Deseo que tu periplo sea dulce y cálido y que te permita recoger grandes tesoros de ti misma y de tus compañeros de viaje. En cualquier caso, yo no me voy. Mi cristal estará siempre limpio para recibirte.

… Y si el azar te lleva lejos
que los dioses guarden tu camino,
que te acompañen los pájaros,
que te acaricien las estrellas.
Y en un rincón de esta voz
mientras pueda hacerla oír
siempre estará escondido tu sonido, Maite.
(Artículo escrito por Concha Boyer, profesora)



Hermosísimas palabras, Concha.
Un beso muy grande. Un gran beso para la persona que me enseñó a diferenciar “piedras” de rocas. Descansa en paz.
Un antiguo alumno.
Hasta siempre. Descansa en paz, Maite. Aunque yo te conocí poco en su momento, fue tu hija Marina la que me hizo entender que eras una gran persona. A ella le envío también desde aquí mis condolencias más sentidas.
A una bellísima persona como tú eras y seras siempre.
Gracias por ser tan única y especial, una gran persona, gran profesora y un a vecina estupenda!!! Siempre estarás en nuestros pensamientos. DESCANSA EN PAZ.Un beso muy especial a la familia!!
Hola Laura, leyendo los comentarios, he decidido contestar a todos, creo que es lo mínimo que puedo hacer. Ahora mismo no caigo exactamente en quién eres. Gracias por todos los adjetivos atribuidos a esa gran persona, Maite. Muchas gracias por el apoyo,
Marina.
Querida Maite:
Estaba yo en La Habana cuando recibí una llamada de Carlos y un mensaje de Braulio dándome la noticia de que te habías ido. Sentí tanto no estar aquí con los tuyos…con Marina especialmente, con los compañeros.
Hoy he entrado en la página del Instituto y con agrado he visto que me brindaba la ocasión de expresar lo que siento.
Tu compañera:
Maribel
Querida Maribel:
Me agrada enormemente ver tu mensaje. Un año ha pasado y la herida va haciendo callo, afortunadamente. Los que tuvimos la oportunidad de conocerla como madre, amiga o compañera, sabemos lo grande que era y con eso es con lo que hay que quedarse, fue una gran madre, y gran profesional. Si tuviese que definir su actitud durante su lucha sería VALIENTE. Yo estoy muy orgullosa de haber disfrutado 20 años de una gran persona y la llevo siempre conmigo, vaya donde vaya. Estoy segura de que su energía nos acompaña. Gracias por expresarte. Un enorme abrazo,
Marina.